Es raro de explicar cómo este libro llegó a mi. Creo que en verdad nunca llegó, si no que se quedo en la puerta de mis pesamientos como una ventana emergente en el ordenador. Incordiando de fondo.
Se me hacía un poco largo y de temática difusa como para sentarme a plácidamente a leerlo. Fue en un viaje y en formato de audiolibro como me encontró el libro a mi.
No quisiera leerte la sinopsis ni hacerte spoilers pero por decirlo de alguna forma el libro va de desenlaces, transiciones y duelos. El protagonista es un joven con problemas de salud mental que tiene mala relación con su madre. Es su último verano siendo menor de edad y tiene muchos planes e ideas, sin embargo la madre le ofrece pasar juntos ese verano y ofrece la recompensa de un coche al final de verano. El muchacho acepta de mala gana y viajan juntos a Francia.Una cosa que me gusto del libro es que Aleksy, el adolescente, nos narra con rabia, naturalidad y casi osadía su desprecio a su madre. Desde el inicio del libro te sientes un tanto revuelta por la cantidad de impertinecias hacia su madre y cómo la ven sus ojos. Siento que para muchos que tengan la imagen de la madre y la maternidad como un conjunto de ideas inmaculadas e infinitas esta parte puede hacerles dejar el libro.
Durante el viaje se viven muchas cosas, y por primera vez en toda su vida Aleksy tiene conversaciones con su madre. Conversaciones banales, conversaciones complicadas, conversaciones frívolas y conversaciones dolorosa.
Empieza a darse cuenta que en toda su trayectoria de vida la única persona que se ha mantenido constante a su lado, con errores, con silencios ha sido ella. Sus ojos empiezan a captar una nueva fotografía de su madre.
En medio de un proceso de desintoxicación (friendly reminder salud mental - drogas, cositas), Aleksy desvela para si mismo que su madre es una persona que ha sido en múltiples ocasiones víctima de sus circunstancias.
Has escuchado alguna vez esa frasecita de ´hiciste lo que pudiste con la información y recursos que tenías en su momento´. Pues creo que es lo que se aplica en este caso, su madre lejos de ser una santa no ha actuado en ningún momento de mala fe, pero no ha sido suficiente para sostener y cuidar de Aleksy.
Se hace un ejercicio de honestidad y la madre le confiesa que se está muriendo y este será su último verano. Le explica sus planes e ideas para su desenlace e intenta vivir su día a día de forma jovial y entusiasta.
Me dolió un poco ver como en la historia personal de esta mujer todo aquello que merecía la pena ser vivido era reservado para cuando tuviese tiempo y dinero de tener vacaciones.
¿Cuántas personas estarán viviendo en su felicidad en pausa hasta que cobren, o adelgacen, o compren o lleguen?. Nos vamos a morir igual, deberíamos ser derrochadores también en estas cosas. Un rato mas de risas aunque trasnoches, una siesta un día que puedes en vez de avanzar yo qué sé qué. Joder, somos finitos y vivimos pensando que no.
Pensé en la lotería que tengo de tener a mis padres vivos, sanos y juntos. Lloré en el avión, como era de esperar. Ignoro si incomode porque no quise ni mirar al lado.
Es un libro delicioso y doloroso de leer a partes iguales, conoces el desenlace pero no puedes dejar de enamorarte de la nueva visión de Aleksy sobre todo.
Sobre su madre, sobre su vida, sobre qué hacemos con nuestra vida, sobre el verano y su sabor, y la llegada del otoño con sus hojas caídas.
La autora es Tatiana Tibuleac, no había leído nada de ella antes, es de Moldovia... creo que tampoco he leído ningún libro cuyo autor fuese de allí. Cuando me recupere de este libro quizás sigo con más. Me siento agradecida y sin embargo sigue doliendo.

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